1. La lírica oral:
Todas las sociedades han creado canciones con diversas finalidades,
aunque muchas están relacionadas con ciertos rituales (sobre fenómenos
atmosféricos, astrológicos, el ámbito de la siembra...). En las comunidades
iletradas, estas composiciones y su transmisión solo se podían dar de forma
oral. Incluso cuando comienzan a surgir sociedades letradas, el paso a la
escritura únicamente se hace debido a causas prácticas (pues es muy complicada la identificación de un
significante escrito con un significado).
1.1. Tipos de oralidad:
Se pueden distinguir tres tipos
de oralidad:
1. Primaria e inmediata: esta
modalidad no tiene ningún tipo de contacto con la escritura, y se encuentra en
sociedades desprovistas de sistemas, de simbolización gráfica (sociedades que
no conocen la escritura).
2. La oralidad mixta: cuando la
escritura es externa, parcial y con retraso, secundaria a lo oral. Esta
oralidad procede de una cultura escrita, pero se mantiene subordinada a lo
oral.
3. Oralidad segunda: se sitúa
en una cultura erudita en la que predomina lo escrito.
Así, entre los siglos VI y XVI
va a prevalecer una oralidad mixta o una oralidad segunda en función de la
época, del siglo, de las regiones, de las clases sociales o de los individuos.
1.2. Transmisión de la literatura
oral:

a) Sensoria (oral-auditiva).
b) Una inscripción orientada a
la percepción visual o para los dos elementos.
*Nota:
es diferente producir un texto para el canto o la recitación, donde la voz del
juglar va a ser quien confiera autoridad al texto (más tarde la tradición lo va
a dotar de fuerza y prestigio y será la voz la que lo integre en la tradición),
que si el texto es un poeta o un intérprete el que lo lee en un libro y aquí la
escritura es la autoridad.
La literatura oral es el corpus
de literatura que se transmite principalmente por vía oral, aunque también
puede tener algún tipo de transmisión escrita subsidiaria. Según Zumthor, cualquier discurso o mensaje oral organizado
de una forma más o menos estética y cuya función no tenga solo fines
comunicativos, puede ser considerado como literatura oral[1].
Por ejemplo, podemos encontrar las canciones, los cuentos, las fórmulas
tradicionales de felicitación o pésame, las expresiones orales de recuerdos
personales o de historias comunitarias. Esta amplitud del concepto de
literatura oral hace que este tipo de literatura pueda ser estudiada desde
diversos ámbitos: la etnología, la antropología, la historia, la psicología...
A pesar de que en el s. XV se
inventa la imprenta, la extensión de lo escrito no se va a producir hasta la
Era Contemporánea desde un punto de vista laico. Hasta el s. XVII eran muy
pocos los que podían escribir y muy pocos los que podían leer los textos; con
todo, la civilización de lo escrito ha tenido costumbre de menospreciar lo
oral, contraponiendo la inestabilidad y lo efímero de esta última expresión.
1.3. Características de la
literatura oral:
La oralidad y la literatura son
dos conceptos anteriores a la alfabetización (escritura) porque constaban ya de
estructura y solidez basadas en la rima
y el verso como ayudas mnemotécnicas. Ejemplos de literaturas orales son los
cantos populares, viejas coplas, refranes, romances, cuentos y leyendas. En su
mayor parte constan de ritmo, melodía, repeticiones, fórmulas y cuerpos de
expresión que aseguran la transmisión en la literatura popular, pudiendo
haberse conservado gracias a ello durante siglos.
Las características más comunes
de la literatura oral son:
- Pertenece a un contexto cultural determinado.
- Se transmite de generación en generación.
- Sus composiciones se ciñen a motivos y técnicas tradicionales.
- Suele ser anónima.
- Presenta muchas variantes debido a la multiplicidad de transmisores.
- Juega un papel central en el registro de la memoria colectiva.
- Se difunde en espacios públicos o en jornadas laborales y de fiesta
familiar.
Por una parte, el autor de la
literatura oral quiere expresar la conciencia del pueblo. Para ello, elige
temas que están relacionados con el entorno de la sociedad del momento:
diferencias entre familias, burlas sobre algún conocido, la figura del jefe o
el patrono... Para conseguirlo se vale de unos ritmos y unas métricas
determinados por la tradición.
Por otro lado, el oyente no
puede ser considerado como un mero espectador, ya que gracias a su memoria
excepcional se va a convertir en transmisor de esta tradición de generación en
generación.
Más rasgos de la literatura oral
son:
- Es una literatura que nace de la improvisación, y las ideas o las
imágenes son aprovechadas por el receptor gracias al sentido figurado que
ofrecen las palabras y a la velocidad que les impone el mismo contexto.
- Se crean muchos artificios rítmicos: punto, rima, canto, expresión...
- Se vale de aquellos recursos estilísticos relacionados con el nivel
fónico del lenguaje: repetición, onomatopeya, estilización, elipsis...
- El autor busca crear distintas sensaciones, bien de musicalidad, bien de
evocación de imágenes; con ello busca transmitir sentimientos comparables a los
que se perciben a través de la música.
1.4. Primeras formas de la literatura oral:
En España no tenemos evidencias
de los primeros estadios de la canción. Las primeras canciones podrían
retrotraerse a las primeras etapas del paleolítico (30.000-15.000 a. C.) y ser
contemporáneas a las pinturas rupestres, aunque se vieron precedidos a la danza
(el movimientos es anterior a la dicción).
Las primeras muestras de poesía
oral se van a relacionar con el espacio en el que nace, por lo que va a ver 5
modalidades de poesía en función del sitio en el que se desarrolla:
La poesía oral está, en sus
orígenes, íntimamente ligada al canto y acompañada por música. Se puede dividir
en dos modalidades:
a) Poesía lírica: donde
prevalece la expresión de los sentimientos.
b) Poesía épica: sucesos
diversos
Los transmisores de esta poesía
son los juglares, que son los que
van a motivar los cambios en muchos de estos textos y los que van a dotar a
estas composiciones con elementos propios para la recitación. Estas
composiciones son: jarchas mozárabes
(s. X o XI y XII), cántigas galaico-portuguesas
(s. XII), lírica tradicional castellana
(villancicos), lírica catalano-provenzal, lírica
provenzal (catalana).
- Juglares / trovadores:
En castellano se menciona por
primera vez la palabra juglar en
1116, época en que aparecen los juglares en León. Según Menéndez Pidal en su
estudio Poesía juglaresca y orígenes de
las literaturas romanas (Madrid,
1957), la palabra juglar viene del
latín jocularis, joculator, que significa "bromista u hombre de chanzas".
Por su parte, la palabra mester viene
de la palabra menester que procede
del latín ministerium que significa ministerio, y esta a su vez "oficio"
También existían diferentes
tipos de juglares: el remedador, el cazurro, el de gesta, el goliardo,
etc.; estos juglares acompañaban al canto con diversos instrumentos, y
deambulaban por diferentes espacios (tabernas, palacios, iglesias...). Los juglares
eran de origen humilde, frente a los trovadores, de origen culto y noble.
Algunos juglares que adquirieron
mayor consideración social se convirtieron en ministriles.
- Características comunes a las
primeras formas de literatura oral:
Todas las composiciones
(jarchas, canciones, etc.) comparten unos rasgos comunes:
- Oralidad.
|
- Ingenuidad.
|
- Ligadas al canto.
|
- Predominio de la emoción.
|
- Anonimia.
|
- Ausencia casi total de metáforas.
|
- Transmitidas por los juglares.
|
- Predominio de la mujer, que además es
un personaje con una actitud activa en el amor.
|
- Numerosos cambios o variantes.
|
- Brevedad y concisión (porque solo
conservamos fragmentos de lo que suponemos que eran composiciones más
elaboradas y extensas).
|
- Sencillez.
|
2. Manifestaciones
líricas:
2.1. Moaxajas y zéjeles:
Las moaxajas y los zéjeles son
composiciones líricas propiamente peninsulares, ya que no se ha encontrado
raigambre ancestral entre la poesía árabe fuera de la península. En general,
constan de cinco estrofas, de dos partes cada una: la primera de ellas tiene
rima propia; la segunda parte es común a todas las estrofas y, a veces, también
encabeza el poema:
(AA) BBBAA CCCAA DDDAA EEEAA FFFAA
Tanto moaxajas como zéjeles rechazan la
"quasida" (estrofas o versos monorrimos en consonante), estrofa por
antonomasia de la poesía árabe.
Las moaxajas
están compuestas en árabe o hebreo clásicos, a excepción de los versos de rima común
(AA) que finalizan el poema y que se conocen con el nombre de jarchas, escritos en lengua vulgar,
romance o árabe.
Frente a la moaxaja, el zéjel es poesía hispanoárabe que
incluía vocablos mozárabes sueltos. Está escrito en árabe vulgar, no clásico y
nunca lleva jarchas romances. Es una variante avulgarada de las moaxajas
(estrofa árabe culta). Poseen forma estrófica no árabe: aabbba// aaccca//
aaddda//... con estribillo, mudanza con vuelta, estribillo:
[Estribillo]
[Mudanza]
[Vuelta]
[Estribillo]
|
Allá se me ponga el
sol
do tengo el amor.
Allá se me pusiese
do mis amores viese
antes que me muriese
con este dolor
Allá se me ponga el
sol
do tengo el amor.
|
Se supone que los zéjeles eran cantados por
un solista, al que el público se asociaba coreando el estribillo. Más tarde, en
la poesía occitánica (canciones provenzales) el zéjel sirvió de base al rondel
y a la balada.
Diferencias:
la moaxaja es árabe y culta, con la estructura de qufl y gusn (y posee al
final la jarcha); el zéjel es vulgar, no tiene jarcha y posee la estructura
siguiente: aa (estribillo), bbb (mudanza), a (vuelta) y repetición del
estribillo.
- Tesis de los orígenes de las moaxajas y
zéjeles:
Sobre los orígenes de estas composiciones
existen varias teorías:
a) Teoría arabista: defendida ya en el
s. XVI. Barberi, humanista de este siglo, atribuía a la cultura árabe el
nacimiento de la lírica provenzal. Con el romanticismo, en el s. XIX, esta
teoría ganó terreno porque se descubrió que en las cortes árabes se celebraban
certámenes poéticos. A comienzos de siglo, Julián Rivera da un nuevo impulso a
esta tesis al descubrir a través de las miniaturas de las Cantigas de Santa
María, que Alfonso X tenía músicos árabes en su corte. Para Rivera.
Esta tesis parecía que triunfaba hasta que
en 1948 Samuel Stern descubrió las jarchas,
que tenían en común con las cantigas el hecho de que estaban puestas en bocas
de mujeres. Menéndez Pidal rehace todo el nacimiento de la lírica justificando
que no existía lírica castellana porque ya estaban las jarchas y explicando
toda la lírica trovadoresca como teoría hecha a partir de la teoría árabe.
Esta tesis no explica cómo se produciría el
proceso de traducción desde el árabe hasta el castellano.
b) Teoría tradicionalista: aparece en
el romanticismo, y su máximo representante fue Gaston Paris, que afirmaba que
la poesía culta latina acaba siendo transformada por la poesía popular en la
celebración de los Mayos, que eran
las fiestas en honor a Venus. El problema de esta tesis es que la lírica
trovadoresca es culta, pero no popular, y nunca fue anónima, sino de autor.
c) Tesis medio-latina: el fracaso tanto
de la tesis arabista como de la folclórica impulsa los estudios que buscan el
origen de la estructura métrica que utilizan los trovadores, y será Meyer
(Alemania) quien, a través de los estudios de poesía rítmica latina medieval,
dé los primeros pasos para la solución del problema. Mayer establece dos
periodos:
1. S. V - XI, en los que se seguiría
usando el verso largo latino medido en pies yámbicos o trocaicos.
2. S. XII-XIII, se abandona la medida
por pies, aparece la rima y los versos largos de la etapa anterior se dividen
en hemistiquios. Abelardo sería el máximo representante de esta segunda fase de
poesía latina medieval.
d) Tesis paralitúrgica: es propuesta
por Rodríguez Lapa, quien señala que el elemento musical se suma a lo anterior
a través de las celebraciones paralitúrgicas. Desde el siglo VIII, los músicos
eclesiásticos aprovecharían los motivos de la música popular con el fin de
atraer a los fieles, y de ahí obtendrán los trovadores la combinación de letra
y música.
2.2. Jarchas:
Se datan en su mayoría en los
siglos XI y XII, y su descubrimiento se produjo primero en 1948 por Samuel Stern y después, en 1952, por
García Gómez. Nos han llegado a nosotros un número muy reducido de jarchas: en
un principio se descubrieron 40, poco después se llegó a las 50 y hoy se
contabilizan unas 62.
Las jarchas son composiciones
que se encuentran después de las moaxajas, y son poemas muy breves que van
desde los 2 a los 6 con 12-36 sílabas. En esta transmisión de literatura oral,
las jarchas están al final de las moaxajas, lo que plantea una cuestión: si son
la parte final de la moaxajas o sin son algo independiente. La respuesta es que
sí son independientes y anteriores a las moaxajas, pues se han encontrado las
mismas jarchas en diferentes moaxajas.
Jarcha significa salida o finida, por eso estas composiciones se
colocan al final de las moaxajas, porque son los versos de salida, los versos
que ponen fin a la composición mayor. A veces también la jarcha es llamada markaz, que significa "punto de
apoyo" o "estribo". Son de transmisión oral y metros cortos.
Suelen mezclar dos lenguas: el árabe vulgar y el dialecto hispánico hablado por
los mozárabes y la población musulmana. Son composiciones similares a otras
cancioncillas europeas y peninsulares. La voz dominante es la de la mujer.
Muchas de ellas muestran cierta sexualidad explícita y erotismo, siendo la
mujer la que se manifiesta activa y reclamando al amado. Más tarde, estas
jarchas serán cultivadas por poetas cultos andalusíes.
- Temas: ausencia del amado (amor angustiado), dolor por la pérdida
o la infidelidad, amor gozoso, sensual, solicitador en presencia del amado,
amante activa (figura de la madre, amigas o hermanas: interlocutoras; mundo
interior de la mujer: expresión de sus sentimientos).
- Características:
- Ausencia de localizaciones concretas (ni espaciales ni temporales);
tampoco hay alusiones a la naturaleza...
- Suele haber diálogos de la voz femenina con la madre, la hermana o la
amiga, por lo que es común el uso de vocativos y de verbos dicendi.
- Lenguaje directo, íntimo e intenso, con reiteraciones estilísticas (esto
plantea la posibilidad de que hubiese "escuelas de jarchas").
- Aparecen algunos arabismos.
- En la mayor parte de la literatura oral, las estrofas suelen ser de arte
menor, donde dominan las cuartetas y rimas abrazadas (abab) o monorrimas (-a-a).
Hay repeticiones, paralelismos, exclamaciones...
2.3. Lírica pretrovadoresca o
poesía provenzal
Las composiciones propias de
esta lírica se relacionan con las canciones de baile y trabajo, protagonizadas
por mujeres y ligadas a festividades de varios tipos como bodas, romerías,
vigilias, fiestas de primavera o de mayo. En cuanto a los rasgos, suele ser
poesía subjetiva, donde se emplea elementos narrativos o dialogados entre los
amantes. En lo referente a los personajes, la mujer adquiere un papel
preponderante (como en las jarchas, pues todos proceden del mismo origen),
tanto como tema de la composición, como sujeto poético y ejecutora, y también
como transmisora de este tipo de composiciones. Las mujeres suelen ser doncellas,
mujeres jóvenes y lozanas. Al ser canciones de mujer se discute si la autoría
de las composiciones es masculina o femenina.
- Temas: amores tristes y lamentos (por el amante que tarda, por el
que se va a la guerra, por meterse a monja; mujeres que se hacen monjas para no
casarse, las maridadas o malcasadas);
amores alegres (las mujeres se liberan de las madres, afirman sus amores, se
quieren casar); encuentros entre los amantes (en el baile, en la fuente, al
amanecer: «alborada»); se separan (al amanecer: «albadas»). Los confidentes de
la enamorada van a ser las madres, las amigas, las hermanas... Y también está
el valor simbólico de las aves, los ciervos y la naturaleza. Son composiciones del siglo XIII-XIV que
llegan hasta nuestros días.
2.4. Villancicos:
Parte de las canciones
pretrovadorescas se relacionan con lo que se denominan «villancicos», que son
los textos de la lírica popular que se conservan en Castilla. Estos villancicos
se conservan en los cancioneros que datan del s. XV y del s. XVI, como, por
ejemplo, el Cancionero de Stúñiga (1458)
y el Chanssonier d'Herberay (1463);
eran textos para ser cantados.
Estos villancicos están a medio
camino entre el folklore y la literatura, y será la forma tradicional de la
lírica castellana hasta el s. XVII, donde serán reemplazados por otras formas
como las seguidillas (compuestas de cuatro versos: 7-5-7-5 sílabas, con rima
asonante; también están relacionadas con la cuarteta (abba), la redondilla
(abab), la quintilla). Estos villancicos van a perdurar en el s. XVII con el
título de letra o letrilla.
- Estructura: el villancico consta de dos partes: el estribillo —dos,
tres o cuatro versos iniciales—, que se repite al final de cada estrofa, y la
glosa, estrofas que desarrollan el tema propuesto por el estribillo. Estructuralmente
podríamos decir que sus partes suelen ser las siguientes: una parte que es el
tema o estribillo del villancico, que se sitúa al principio llamándose cabeza y que suele ser una redondilla; una
segunda parte o mudanza que suele ser también una redondilla; una tercera parte
que se compone de versos de enlace y de vuelta generalmente compuesta por
cuatro versos, algunos de los cuales riman con la mudanza y otros quedan
sueltos o riman entre ellos, quedando el último como vuelta al estribillo, que
se repite al final.
La mayoría de estas
composiciones son cultas, pero también hay muchas populares.
- Características: no hay mucha retórica, las oraciones suelen ser
breves, con verbos de movimiento, pocas adjetivaciones y predominio de
posesivos y de sustantivos, y los temas son los propios de esta lírica
pretrovadoresca: eróticos, malmaridadas, mujeres y monjas, albadas... Hay
algunas imágenes relacionadas con el mundo natural que, más que elementos
decorativos, van a tener valor simbólico, como las fuentes, las rosas, los
campos..., y normalmente se van a relacionar con una concepción vitalista del
mundo y, por lo general, con llamadas al disfrute amoroso.
2.5. Cantigas:
Son las modalidades
líricas características de la lírica galaico-portuguesa. En líneas generales,
su origen es provenzal, muchas de ellas tienen un carácter refinado y cortés
que, con el paso del tiempo, crearía escuela en Galicia gracias a las
peregrinaciones a Santiago que se realizarán tras el descubrimiento de la tumba
del Apóstol Santiago. Se pueden dividir en 4 tipos: de amor, de amigo, de
escarnio y de maldecir.
Una cantiga es
un poema compuesto para ser cantado, por lo que presenta un equilibrio entre
letra y música. Tiene mucha relación con la chanson
francesa, pero se diferencian en que esta última es difícil
conceptualmente, mientras que la cantiga es todo tipo de composición compuesta
de letra y música.
Como otras
formas clásicas, esta lírica nos ha llegado por medio de los cancioneros,
siendo uno de los principales el Cancionero
Da Vaticana, que apareció en 1840 en la Biblioteca Vaticana y que fue un
cancionero mandado copiar por Angelo Colocci. En su final este cancionero
incluye lo que se conoce como Távola
Colocciana, que es un índice de todos los trovadores y composiciones
recogidos en este libro.
En el
cancionero de Ajuda podemos encontrar miniaturas donde se demuestra el carácter
musical así como los poetas que elaboraban estas composiciones.
Lo más
importante es que de muchas de las cantigas conocemos los autores, como: Joao
Solares de Paiva (n. 1141), Pedro, conde de Barcelona (m. 1355), Martín Codax,
Joan Zorro, Don Duarte
2.5.1. Cantigas
de amor:
Son
composiciones de origen culto, relacionadas con el amor cortés, donde la mujer
aparece idealizada y en ellas se expresa un amor platónico. La voz dominante es
el hombre, que es quien expresa sus emociones a la dama (por tanto, el hombre
es el principal protagonista).
Estas cantigas
presentan una dificultad en la comprensión completa del sentido del texto,
porque se prescinde de todo elemento decorativo, suelen ser abstractas y
austeras, presentan problemas relacionados con el vocabulario, y también
ofrecen transposiciones al gallego-portugués de la cançó provenzal
[y destaca el sufrimiento del amado por la dificultad de obtener a la dama, a
la que presenta de forma completamente idealizada.]
Estas
composiciones tiene como teoría el amor cortés, en el que el poeta se muestra
como servidor de la dama, que se muestra idealizada física y moralmente. Estas
composiciones reproducían la vida de la sociedad medieval, puesto que en la
Edad Media los señores eran dueños del destino de sus vasallos, así como la
dama del destino del trovador. La actitud de este debía ser de mesura, es decir, de discreción y de
sumisión hacia la dama, de manera que ni siquiera la estaba permitido decir su
nombre. Este también sufría la «tristeza de amor», que podía acabar con la
«muerte de amor». A veces, el poeta podía ascender en la valoración de la dama
y, en algún caso, podía a llegar a ser
su amante, mostrando el poema el «gozo de amar».
Los personajes
pertenecen a la nobleza; la dama es admirable (tanto física como moralmente), y
hace que el galán engendre fuerzas por ella. El amor cortés es siempre un amor
frustrado, pues no se consuma, o, si se consume, vienen las desgracias. También
se reconoce la inferioridad del galán con respecto a su dama, y en algunas
ocasiones se producirán analogías de la religión y la naturaleza por motivos
amorosos.
2.5.2. Cantigas
de amigo:
Son de origen
popular, o también culto (Covas). Su estructura es primitiva, dominando la
sugerencia, un vocabulario repetitivo y estructuras paralelísticas (destaca el
uso del leixaprén[2]).
En ellas se presenta a una mujer completa y real, con ambientación natural
donde se desarrolla la acción o donde se entablan conversaciones.
El arte de
trovar define la cantiga de amigo como aquella en que «se mueve a razón de
ella», es decir, son complemento y contrapunto de las de amor. La voz es
femenina y se analizarán los estados anímicos de las mujeres enamoradas. Ya no es
la señora, sino la amiga quien canta, siempre en un espacio concreto que actúa
como marco o contexto de la cantiga.
Predominan los
escenarios bucólicos (elementos vegetales y animales, como las aves y los
ciervos), y es en este locus amoenus
donde encontraremos diferentes trazos y tipos psicológicos de la enamorada (la
ingenua, la narcisista, la esquiva...).
La amiga se
dirige siempre al amigo o a otros personajes como las madres, las hermanas o
las amigas, que funcionan como confidentes. Normalmente los amores suelen ser
insatisfechos a causa de la ausencia del amigo, y son pocas las cantigas de
amigo en las que el amor es satisfecho: cuando se produce la consumación, este
tema trae aparejado el de la prohibición encarnado en la figura de la madre.
- Clasificación
de las cantigas de amigo:
Atendiendo al prólogo, tenemos:
1. Cantigas
rurales: el contenido es más sencillo, las estructuras paralelísticas son
mayores y normalmente se centran en la psicología, los sentimientos de la dama.
2. Cantigas
urbanas: contenido más complicado, detalles psicológicos y relación
triangular entre la doncella, el amante y la madre.
Una segunda
clasificación según su temática
diferencia entre:
1. Barcarolas o
Mariñas: cantigas que tienen como escenario el mar, cuyo estado variará
(apacible o tempestuoso) según el estado de los amados.
2. Cantigas de
romarías o romerías: son las que sitúan la acción en un santuario, lugar en
el que se produce el encuentro de los enamorados. En este caso, estas cantigas
se relacionan con tradiciones paganas de fecundidad. Así, en un poema de Pedro
Viviaez, las romerías para las madres es estación de culto, mientras que para
las hijas es una invitación a la fiesta y la danza ante sus amantes.
3. Bailadas: la
mayor parte de las cantigas entran en este grupo, y están caracterizadas por
sus estructuras paralelísticas y por el leixaprén, y estaban destinadas al
canto y al baile coral.
4. Alboradas: representan
el momento en el que se encuentran los amantes cuando va a empezar el día.
2.5.3. Cantigas
de escarnio y maldecir:
Los dos
últimos grupos importantes de cantigas son las de escarnio y las de maldecir.
Su origen está
en la zona provenzal francesa y son inventivas ingeniosas y cómicas contra una
víctima a la que se da nombrada, y son composiciones cargadas de ironía, con un
fuerte carácter satírico o burlesco que pretendía ridiculizar a las personas y
determinados personajes del momento, a ciertas costumbres e instituciones.
Las de
escarnio juegan con el doble sentido las palabras y juegan con las equivocatio o palabras encubiertas. Normalmente no revelan el nombre de la
víctima. Las de maldecir utilizan una lengua más directa
Existen otro
tipo de cantigas que también se practicaron en la Edad Media: son las cantigas
de refrán (cuyos últimos versos eran un refrán, como si fuera una jarcha), de maestría
o maestría (iguales pero sin refrán), las cantigas de seguir (consistían en
continuar una cantiga ajena a través de la rima, la música o el sentido de los
versos... Están relacionadas con los duelos públicos de trovadores, y en ellas
era fundamental la improvisación).
3. El romancero:
3.1. El origen de
los romances:
Sobre el
origen de los romances se han propuesto tres teorías:
a) Teoría
romántica:
Herder y los
hermanos Grimm piensan que los romances son la expresión de la poesía natural y
pura que brota del mismo pueblo como inspiración divina, de la colectividad. Esta
explicación es la razón principal por la que estos poemas, en su mayoría, son
anónimos. Ya en el renacimiento se calificó a los romances como poesía popular,
natural y espontánea (como sinónimo de «lengua vulgar»).
b) Teoría
individualista:
Surge la Escuela individualista, cuyos
seguidores se esfuerzan por encontrar la versión primera del poema. Esta
escuela fue inaugurada por Joseph Bédier para explicar el cantar de gesta
francés.
Uno de sus
principios para la investigación es que «un canto, popular o no, tiene siempre una
fecha, un autor, una patria». Dentro de esta escuela, el principal impulsor en
España es Menéndez Pelayo, quien defendía que los romances databan del s. XV - XVI
y que su autor era un poeta culto pero muy influenciado por la literatura
popular.
c) Teoría tradicionalista:
Defendida por
Menéndez Pidal y la más aceptada de las tres teorías. Algunas de sus ideas principales
son:
1. Los
romances viejos son, en su mayoría, trozos de relatos de cantares de gesta.
Estos romances aparecerían en la Edad Media debido a la decadencia o a la
bajada de popularidad de los cantares de gesta y, por lo tanto, procederían de
ellos. También estarían influenciados por el pueblo, pues el juglar recitaría
en la plaza principalmente los más populares o aquellos que recibían más
aplausos.
2. Los
romances son anónimos, aunque esto no quiere decir que no puedan ser creados
por más de un autor. En este sentido, Menéndez Pidal habla de "autor
legión", queriendo con ello decir que, una vez creado el texto por un
autor, el romance va a tener numerosas recreaciones y va a acoger elementos de
todas aquellas personas que lo interpreten o que lo canten (y que, por lo
tanto, van a ir quitando o añadiéndole partes). Todos estos cambios van a dar
lugar a diferentes versiones, las cuales son producto de su transmisión oral,
donde los juglares o los recitadores también jugaban un papel esencial; debido
a esto, muchos, incluso, llegarían a desvirtuarse.
3.2. Motivos de
los cambios en los romances:
1. Por la
intervención del público, puesto que el pueblo solicitaba los trozos que le
eran más agradables.
2. El juglar
podía intervenir para que el romance fuese autosuficiente, para adaptarlo al
momento o para que gustase al público
3. Sucesivos
poetas también van a intervenir introduciendo modificaciones, a veces sin
importancia y otras sustanciales.
3.3. Evolución
literaria, difusión y publicación de los romances:
1. El Romancero Viejo
(hasta 1570 aprox.):
Los romances
más antiguos proceden de cantos épicos, como El Poema del Cid, Los
infantes de Lara, Bernardo del Carpio,
El Cantar de Zamora, aunque hay que
tener en cuenta que en el s. XIX se pensaba que los romances se habían escrito
antes de los cantares de gesta, y que estos eran agrupaciones de romances.
A estos textos
también se les llama «romances épico-líricos», porque son breves (como los textos
líricos), pero también tienen un estilo épico común a los cantares de gesta,
aunque poco a poco se les van añadiendo elementos líricos sentimentales que al
final se confunden y se mezclan entre sí.
En el s. XV se
produce una nueva floración de romances que va a imitar esas composiciones
antiguas, conservando el estilo y el carácter fragmentario (tienen un comienzo
y un final abrupto, técnica utilizada para dotar de encanto y misterio a la
obra). Unas de las composiciones maestras del romancero ese el romance de «El
Conde Arnaldo», muy conocido por su encanto, su misterioso final y sus
sucesivas reelaboraciones[3].
y como prueba de
las reelaboraciones de este romance, Menéndez Pidal obtuvo en Tánger un final
diferente al del modelo original que incluso superaba al texto primero, porque
en él el Conde Arnaldo se embarca en galera y se encuentra a parientes suyos.
Suele alegarse
un romance sobre la muerte de Fernando IV como uno de los primeros romances,
aunque no ha quedado conservado. El romance más antiguo que sí conservamos es
el «Gentil dona, gentil dona», copiado hacia 1421 en el cartapacio del
estudiante mallorquín, Jaume de Olesa, y guardado hoy día en la Biblioteca
Nacional de Florencia. De finales de esa década también sería «El arzobispo de
Zaragoza» (1429), ambientado en tiempos de Alfonso V.
Estas primeras
composiciones van a ser recopiladas en cancioneros como el Cancionero de Estúñiga (que recoge romances de Carvajales), el Cancionero de Herberay des Essarts, el Cancionero
de Rennert o el Cancionero de Palacio.
Estos cancioneros se imprimen desde el s.
XVI, bien en pliegos sueltos, bien en libros[4].
Un pionero es el Cancionero General de
Hernando del Castillo, desde su primera edición de 1511. Las grandes
colecciones[5]
aparecen con las sucesivas ediciones del Cancionero
de Romances, la Silva de romances o el Romancero General.
Justo a mitad
del s. XVI los romanceros van a ser objeto de ediciones separadas y
específicas; de esta manera tenemos constancia de las Silvas de varios romances (con dos partes). También cabe destacar
la Flor de romances (1589, publicada
por Pedro de Moncayo), porque en ella se inicia la publicación de antologías de
romances nuevos (cuyo texto más importante es el «Romancero General», de 1600).
Por último, también hay que tener en cuenta el Cancionero de romances (Amberes, 1548, publicado por Martín Nuncio,
que es el que inaugura todas estas colecciones).
2. El Romancero Nuevo
(1570 en adelante):
*Nota:
también se habla de Romancero Novísimo (1610 en adelante).
Este Romancero
Nuevo es más estilizado y elegante, dando cabida a nuevas modalidades de
romances (como los de 6 y 7 sílabas, llamados romancillos y endechas).
Destaca que estos romances nuevos no se cantan, difundiéndose principalmente a
través de la lectura. En cuanto a la temática, hay romances amorosos,
pastoriles, de cautivos, de crímenes, aventureros..., que poco a poco harán
olvidar los romances viejos.
Mientras que
en países como Francia, Alemania e Inglaterra la herencia épica se va a imponer
sobre esta tradición de los romances (que llegan a olvidarse por completo), en
España se va a recoger precisamente en los romances, los cuales desembocarán en
el teatro del Siglo de Oro y la lírica renacentista y barroca, donde autores
como Lope de Vega, Cervantes, Góngora o Quevedo van a ser los principales
autores de los nuevos romances artísticos.
Sin embargo,
pese a este primer auge, el romance va a pasar de moda en la segunda mitad del
s. XVII, y tan solo a finales de este siglo Meléndez Valdés lo recupera, aunque
los romances se mantendrán en el ámbito popular gracias a los ciegos y a las
ediciones de pliegos de romances vulgares (que serán los que estén en la calle
y los que ayudarán a la difusión de los romances).
Con el
romanticismo, en el s. XIX, el romance va a ponerse muy de moda debido a que en
esta época se va a exaltar la poesía popular y las tradiciones históricas y
nacionales. En España, Agustín Durán recopilará un abultado romancero (COPIAR)
En el ámbito
internacional, fue con la expansión del imperio español cuando los romances
corrieron por toda Europa en boca de los soldados. Los judíos expulsados de
España difundieron el romance en el norte de África (como Marruecos, el
Mediterráneo Oriental, Grecia...), y finalmente América fue el último lugar de
alcance de los romances, llevados allí por los conquistadores.
3.4. La
recuperación del romancero en el s. XIX:
La fecha clave
de la recuperación del romancero en España es el año 1825 con Bartolomé José
Gallardo, autor que escuchó cantar a dos gitanos (Curro el Moreno y Pepe
Sánchez) una versión del «Gerineldos» (además de la versión íntegra de «La
condesita»), lo que motivó que este autor vislumbrara la riqueza del romancero
popular.
Tras este
hecho, el romancero tradicional comenzó a surgir, principalmente ligado a la
aparición de letras de diferentes versiones en algunos textos costumbristas.
Así, Estébanez Calderón recogerá dos romances en sus Escenas Andaluzas y Fernán Caballero incluirá algunos romances de
tradición oral en La gaviota.
Conforme avanza
el siglo XIX, la popularidad del romance se irá extendiendo por toda la
geografía española, llegando a interesar a autores como Antonio Machado Álvarez,
Francisco Rodríguez Marín o Juan A. de la Torre. Pero por encima de ellos, la
figura central será Menéndez Pidal, que junto a su mujer, María Goyri,
comenzarán a partir de 1900 a recorrer Soria en busca de romances de tradición
oral, llegando al punto de comenzar la compilación del romancero castellano de
tradición oral (a partir de que en Burgo de Osma oyeran a una lavandera cantar
varios romances).
Pero en este
siglo no quedan ahí los pioneros de esta recuperación del romance. Otro de
ellos es Agustín Durán, en cuyo primer volumen recopilatorio (1828) recoge
romances moriscos; en el segundo reúne romances amatorios y festivos y en el
tercero, caballerescos e históricos. También están los recopiladores Juan
Antonio Hartzenbusch (que hizo el Romancero
pintoresco), Fernando J. Wolf y Conrado
Hoffaman (que publica Primavera y flor de
romances o Colección de los más
viejos y populares romances castellanos).
Por último, no hay que olvidar las figuras de Ángel de Saveedra[6] y
Zorrilla. Este último fue el otro gran protagonista de la tradición, cantor de
las glorias nacionales y depositario de tradiciones y leyendas que estaban a
punto de perderse. Zorrilla es uno de los principales autores de romances (a los
que llama leyendas, y en los que
predomina el tema amoroso íntimamente ligado al honor, la venganza, el
adulterios, raptos, asesinatos y traiciones... protagonizados por nobles y
criados, que relatan sus aventuras y peripecias sentimentales).
Más adelante,
en el s. XX el romance vivió otra etapa de esplendor, cautivando a autores de la
Generación del 98 como Antonio Machado en «La tierra de Alvargonzález»[7] y
a Unamuno en Romancero del destierro;
también a los de la Generación del 27: a Lorca (Romancero Gitano), Gerardo Diego (Romancero de la novia), F. Villalón (Romances del 800); incluso
en el teatro moderno tenemos El
conde Alarcos de Jacinto Grau.
Cabe señalar
que el romance español ha sido también la forma preferida para contar los
hechos (luchas entre moros y cristianos, Guerra Civil...).
3.5. Clasificación
de los romances:
a) Romances
viejos: s. XV - principios del XVI
Son los romances
que surgen del propio pueblo a través de juglares, poetas, cantores... Según
algunas de sus características se pueden clasificar en dos bloques:
1. Tradicionales
o históricos: aquellos que derivan de los cantares de gesta, aunque en
estas composiciones se olvidan cada vez más los detalles objetivos y épicos y
se van añadiendo elementos subjetivos y sentimentales, dotándolos de un estilo
épico-lírico en una escena siempre fragmentaria; casi siempre poseen ritmo
ligero y tienden a la irregularidad métrica. Estos romances también se
denominan «nacionales», pues se refieren
a hechos, hazañas o héroes de la historia de España. Son divulgados por el
pueblo.
2. Juglarescos:
son poemas menos extensos que las gestas pero más amplios que los romances
tradicionales. Al contrario que los anteriores, estos tienen un ritmo más lento
y un estilo lleno de colorido y matices, buscando desde el primer momento el
isosilabismo (influyeron sobre los tradicionales, regularizándolos), rasgo
necesario para la musicalización.
Una
clasificación por temática permite
distinguir los siguientes tipos de romances:
1. Históricos:
son los más relacionados con las gestas, y actúan de noticieros. Dentro de
estos romances históricos podemos apreciar varios ciclos:
1.1. El ciclo de
don Rodrigo, último rey godo derrotado por los musulmanes en el año 711 al
comenzar la conquista musulmana. Todos estos romances son de mediados del s. XV
y derivan de un relato en prosa, la Crónica
Sarracina de Pedro del Corral (1430).
1.2. El ciclo de
Bernardo Carpio, personaje legendario que hizo frente a las tropas
francesas de Carlomagno que invadieron la Península Ibérica. Atacó a los
franceses hasta vencerlos en Roncesvalles en el 798, matando a l héroe Roldán
(Roland). Se rebela contra su rey, Alfonso II, cuando este pretende convertirse
en vasallo de Carlomagno.
1.3. El ciclo de
Fernán González, que recoge las hazañas de este héroe, también contenidas
en el poema de clerecía que lleva su nombre y los conflictos entre el condado
de Castilla y el reino de León cuando el primero pugnaba por su independencia.
1.4. El ciclo de
Larra, que relata las disputas entre los
castellanos y las tropas árabes de Almanzor. Se narra la muerte de los siete
infantes de Larra, a manos de su tío Rodrigo Velásquez. Mudarra González,
hermanastro de los infantes e hijo de cristiano y mora, vengará la traición
dando muerte a Rodrigo Velásquez.
1.5. El ciclo del
Cid, que grupa todos los romances que cantan las gestas y conquistas del
héroe castellano. Presentan un Cid altivo y casi fanfarrón, muy alejado del Cid
mesurado y prudente del Cantar, además de inventar episodios que poco tienen
que ver con los históricos.
2. Fronterizos o
moriscos: relatan episodios luctuosos sobre las últimas luchas entre
cristianos y árabes en el s. XV, con lugar central en Granada, proporcionando
además información sobre el proceso de la reconquista. Ya no se basan ni en
gestas ni en crónicas, sino en una realidad más o menos poetizada (suelen
presentar un gran lujo descriptivo). Cuando la invasión islámica deja de ser un
peligro nacional para España el tema árabe es acogido con gran curiosidad: en
estos romances los caballero árabes rivalizarán en amor y caballerosidad con
los caballeros cristianos (que presentaban a menudo características propias del
amor cortés). Tantos los romances morisco como los fronterizos están escritos
por juglares o poetas cristianos anónimos, diferenciándose en que los
fronterizos están compuestos desde el punto de vista cristiano, dando una
imagen peyorativa de los moros (maurofobia), y los moriscos desde el punto de
vista musulmán, donde se muestran los moros con simpatía (maurofilia), aunque
no es fácil siempre separar unos de otros.
3. Carolingios
(de gestas francesas), bretones y novelescos: los carolingios son poemas
relacionados con Carlomagno, la lucha de Roncesvalles y el héroe franco Roldán.
Suelen tener cierta complicación y aumento de la peripecia novelesca. En cuanto
a la temática, destaca su riqueza y la introducción de lo sobrenatural; ofrecen
momentos protagonizados por caballeros galantes y atrevimientos amorosos. En
cuanto a su origen, las fuentes son libros de caballería franceses. Menéndez Pidal
también opina que las gestas francesas inspiraron a los juglares españoles
otras gestas más breves y ligeras con las que difundieron por España los temas
épicos franceses, los cuales, por tradición oral, derivarían en los romances
carolingios.
4. Ciclo bretón
(leyendas del rey Arturo): los romances del ciclo bretón derivan de las
leyendas artúricas y van a estar protagonizados por las figuras del rey Arturo,
la reina Ginebra, Tristán, Lancelot, Merlín...; sus características son muy
similares a las de los poemas carolingios.
5. Históricos (de
tema no castellano).
6. Líricos y
novelescos: son de asunto variado, pero generalmente sentimental. En los
líricos predomina más el elemento poético (estética, retórica...), mientras que
en los novelescos predomina la historia. Ambos son invenciones de los poetas.
Destacan, entre otros, «El conde Arnaldo», «La mal maridada»... Con el paso del
tiempo, estos romances se basarán en historias más reales relacionados con
determinados lugares.
Características de los
romances: aliteraciones, anáforas, quiasmos, combinación de estructuras
narrativas y dialogadas, estructuras paralelísticas
b) Nuevos
Artísticos: después de mediados del XVI
- Lope de Vega:
De los
romances de Lope destacan su popularidad y su amplia divulgación (sobre todo
gracias a que en ellos se nos cuentan las aventuras y desventuras amorosas del
propio Lope), tanto que Góngora se apropió de algunas de las tipología de sus
romances para ridiculizar su excesiva idealización y burlarse de él.
Entre los
poemas elaborados por Lope encontramos:
1. Romances
moriscos, donde el autor repite tópicos y desarrolla historias de amores,
celos, galanteos... que supusieron el olvido de las historias de la reconquista
y de los sucesos históricos españoles. Destaca en la elaboración de estos
romances el desdoblamiento de Lope en varios de sus personajes (como Gazul o
Zaire).
2. Romances pastoriles, en los que,
bajo el pseudónimo de Belardo, narra sus amores y desamores con Filis (Elena
Osorio) o Belisa (Isabel de Urbina). En estos romances se recogen los tópicos
de las novelas pastoriles (locus amoenus
en el bosque, bucolismo, idealización de la amada, personajes pastores y
rústicos que se comportan de forma culta y estilizada).
3. El
ciclo de las barquillas y de las soledades, así como la serie de
romancillos incluidos en la Dorotea y
su obra El romancero espiritual (donde encontramos títulos como «A mi
soledades voy», «Para que no te vayas»,
«Pobre barquita mía» y «Gigante cristalino»), que supone la recreación del alma
con Dios, está escrito para redención de ser humano y fue escrito con motivo de
una profunda crisis espiritual (el miedo a ser condenado por sus apetitos
sexuales lo llevó a transmitir la importancia de los valores trascendentales).
- Góngora:
Si hay un
autor que destaque por su renovación del romancero, ese es Góngora, responsable
del ennoblecimiento del género, del enriquecimiento de sus medios estilísticos
y de la ampliación de su temática.
Con este autor el romance pasa de popular a composición
mayor, como se puede observar en la fábula de Píramo y Tisbe, pues se convierte en reflejo de su arte, de su
sabiduría y su dominio de la técnica. En general, mezcla elementos cultos y
populares, lo cómico y lo dramático, lo realista y lo irrealista. Entre todos
los romances sobresalen los amorosos y aquellos con motivos propios del barroco
(como el desengaño, el carpe diem, el
tempus fugit...).
En Góngora son
muchos los romances que van a estar escritos en cuarteta (rimas pares e
impares), siendo frecuente el uso de estribillos (para dar musicalidad y
recordar el contenido de la narración); estos estribillos pueden ser
sentenciosos, meditativos, exclamativos o irónicos. También empleó el
romancillo y las letrillas, en los que encontramos temas amorosos, humorísticos
o picarescos.
Las
composiciones de tono humorístico surgen como crítica a los tópicos de los
romances pastoriles, moriscos y carolingios. En estos, Góngora va a burlarse de
los artificios y arquetipos de estas modalidades, para lo que se servirá de la
parodia, el humor, la ironía, el sarcasmo o la sátira. En la misma línea
destacan los romances burlescos y romances amorosos como el protagonizado por
Angélica y Medoro, composición que dio lugar, a su vez, a una tipología nueva:
los romances rústicos. Otras tipologías que nos vienen de su mano son romances
de cautivos y los romances piscatorios y venatorios, (relacionados con los
motivos de la pesca y de la caza, semejantes a los pastoriles, donde se narran
los amores y desamores de pastores melancólicos o pescadores nostálgicos).
4. Musicalización de la poesía en la España del s. XX:
La música, por su mensaje y fuerza
oral, ha sacado a la poesía de los libros y ha hecho que tuviera un gran impacto
en la sociedad del s. XX., siendo muchos los compositores que se han atrevido a
musicalizar versos de poetas de diferentes periodos.
Originalmente
esos poemas no fueron escritos para ser cantados; sin embargo, en todos ellos
la unión con la música no ha traicionado su esencia, sino que ha ayudado a
introducir la poesía en los jóvenes reacios a ella.
La mayor parte
de los trabajos para musicalizar los poemas en España nació en los 60, en un
momento importante de reivindicación política y de rescate de poetas afectado
por la Guerra Civil; es por ello que las principales composiciones que se
llevan a la música son producciones de poetas como Antonio Machado[8],
Pedro Garfias, Manuel Machado, Rafael Alberti, Miguel Hernández[9] o
Lorca. Poco más tarde surgieron nuevas canciones de autor, más reivindicativas,
críticas y sociales (relacionadas con los movimientos de la poesía social y
desarraigada protagonizados por Blas de Otero y Gabriel Celaya), que volvieron
a vincular literatura y música, en estos casos con un propósito de denuncia y
como herramienta de protesta contra la opresión franquista. Entre los músicos
que han fusionado las obras de los poetas con su música encontramos a
cantautores como Serrat, Paco Ibáñez, Patxi Andión, Luz Casal, Ana Belén... y
flamencos como Enrique Morente y Calixto Sánchez. Cantando los poemas de los
poetas proscritos, los cantautores hicieron una guerrilla light antisistema.
En la
actualidad, poetas como Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez, Antonio Gala,
Goytisolo, Ángel González, Luis García Montero, José Hierro o Luis Alberto de
Cuenca han sido musicalizados por cantantes como Paco Ibáñez, Serrat, Loquillo[10] o
Pedro Guerra.
[1] Obras
sobre la transmisión de la literatura oral: Oralidad
y escritura, Walter J. Ong; Introducción
a la poesía oral y La letra y la voz
de la «literatura» medieval, Paul Zumthor.
[2]
Leixaprén: el leixaprén (palabra medieval compuesta de leixa,
'deja', y pren, 'coge') es un recurso estilístico característico de
las cantigas de amigo gallegoportuguesas (aunque aparezca también,
muy esporádicamente, en las cantigas de amor). Consiste en la repetición
de los segundos versos de un par de estrofas como primeros versos del
par siguiente.
[3]
Como
prueba de las reelaboraciones de este romance, Menéndez Pidal obtuvo en Tánger
un final diferente al del modelo original que incluso superaba al texto
primero, en el que el Conde Arnaldo se embarca en galera y se encuentra a
parientes suyos.
[6]
Ángel Saavedra publicó en 1841
un libro titulado Romances Históricos,
cuya escritura fue motivada por su concepción de los romances, de los que decía
que «son tan vigorosos en la expresión y en los pensamientos que nos encanta su
lectura, encontrando en ellos nuestra verdadera poesía castiza, original y
robusta luchando con una lengua naciente, estrecha, insonora y semi-bárbara».
[7] «La tierra de Alvargonzález» es un poema integrado en Campos de Castilla. El romance tiene
como tema el cainismo (lucha de Caín y Abel).
[8] Serrat
dedicó un álbum en 1969 a los poemas de Antonio Machado.
[9] Miguel
Hernández ha sido musicalizado por un gran número de artistas: Serrat, Adolfo
Cedrán, Silvio Rodríguez, Víctor Jara, Alberto Cortez, Paco Ibáñez, Jarcha,
Camarón... Entre sus poemas más recuperados están «Menos tu vientre», «El pez
más viejo del río», «Nanas de la cebolla», «Elegía a Ramón Sijé», «Para la libertad», «La boca», «Romancillo
de mayo»...
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