Empleamos el
término correcto con dos sentidos:
Ø
Para evaluar enunciados particulares como
respetuosos de una norma, generalmente la norma ejemplar.
Ø
Para calificar las modalidades lingüísticas (o dialecto) de más o menos correctas
según el mayor o menor uso que se hace de ellas en la distancia comunicativa.
Lo correcto
se juzga según la norma. Para Coserieu, lo correcto y lo ejemplar pertenecen a
planos distintos: Todo modo de hablar es correcto si se ajusta al modo de
hablar con el que se corresponde dentro de una lengua histórica.
1.
Ejemplaridad
y corrección.
Lo ejemplar (ideal de la lengua o lengua
estándar) es una técnica histórica del hablar, es un sistema
lingüístico, una lengua particular constituida como tal dentro de una lengua
histórica. Lo ejemplar no es incorrecto,
sino que, como toda la lengua, sólo puede ser pauta de corrección para su
propia realización en los discursos. Es
pauta de corrección sólo para los usos que le corresponden (ejemplar viene a ser equivalente a norma
consuetudinaria). Lo ejemplar no es la lengua correcta por antonomasia.
Teniendo en
cuenta todo esto, los regionalismos que se plantean como incorrectos solo lo
son en el caso en que se aplique un patrón idiomático o ejemplar con el que no
se corresponden, el de la lengua estándar u otra cualquiera.
Por ejemplo,
la indistinción entre pretérito perfecto simple y compuesto sólo podrá ser
tildada de incorrecta si la hacemos corresponder con patrones como la norma
estándar u otra modalidad, como por ejemplo la andaluza; pero, en cambio no lo
será si se le hace corresponder a la norma propia del español hablado en
Galicia. Por lo tanto, más que atender a
la cuestión de si un hecho lingüístico es correcto o incorrecto, habrá que
atender a qué tradición idiomática pertenece, a qué modos de hablar o, a lo
sumo, si pertenece a un modo ejemplar concreto.
Ahora bien,
esto no quiere decir que todos los usos de una lengua sean iguales y puedan
emplearse en cualquier situación comunicativa porque todos sean correctos. Esto
es ignorar la realidad social en la que se desenvuelve una lengua. No es que deontológicamente
sean mejores unos modelos que otros, pero lo cierto es que sólo ciertas formas
repetidas y constantes se integran en un ideal de lengua más o menos común,
mientras que otras en cambio no pasan y encuentran acomodo en tradiciones
idiomáticas locales y regionales.
Así pues:
■
La
modalidad Ejemplar: Constituye el modelo de actuación preferentemente
para los discursos propios de la distancia comunicativa.
■
Correcto:
No hay una única posibilidad de realizar un enunciado correctamente,
sino que lo que lo que se considere correcto o incorrecto depende del tipo de
norma a la que el enunciado trata de ajustarse.
2.
Ideologías.
Conservadores o puristas:
Reducen lo correcto a lo ejemplar: Solo
tenemos que utilizar la lengua estándar.
Defienden la
unidad idiomática estricta, de manera que exista un único criterio de
corrección para todas las actuaciones lingüísticas. Se trata de una actitud de
censura que pretende eliminar las variaciones dialécticas. Apuesta por una
unidad idiomática mediante la eliminación de la variación.
SIN EMBARGO, LA EXISTENCIA DE VARIACIÓN
EN EL LENGUAJE ES ALGO INTRÍNSECO A SU PROPIA NATURALEZA Y RESULTA, POR
TANTO, UNA QUIMERA, PRETENDER SU PROPIA ELIMINACIÓN.
|
Liberales:
Reducen lo ejemplar a lo correcto: Rechazan
la lengua estándar porque todo es correcto, lo único importante es la
comunicación.
Para ellos
todo uso es aceptable, ya que realiza algún tipo de saber idiomático.
Sin embargo,
tendrían que admitir la utilidad de la norma ejemplar en relación con la
realidad teórica e histórica del problema de la unidad idiomática, la validez e
importancia de lo ejemplar como factor de cohesión política y social y como
hecho de cultura.
Conclusiones:

No hay un
único modo de hablar correcto y todo lo que no se ajuste a él es incorrecto.
Cada individuo debe ajustar sus usos y adecuarlos a la situación comunicativa y
esa adecuación viene marcada por la sociedad.
De esta
manera, concebimos la lengua no como la suma de variedades dialectales, sino
como la integración de todas ellas y, entre todas, una extiende más su radio de
acción, teniendo una validez más general. Así, la lengua estándar o ejemplar es una norma supra-dialectal, porque es la que todos los hablantes de
todas las clases sociales se decantan en situaciones de distancia comunicativa.
Los rasgos
que definen a la lengua ejemplar-estándar son:
-
Constituye el ideal lingüístico y coincide
habitualmente con la norma culta.
-
Amplio dominio de acción: se trata de una norma
suprarregional y unificadora.
-
Su superioridad le viene conferida por su
función cohesionadora, cultural…
-
Es
convencional porque está basada en criterios sociopolíticos o económicos.
-
No coincide con ningún geolecto (no se
identifica con la forma de hablar de un determinado lugar) porque se trata de
una abstracción, de un ideal de compromiso suprarregional.
-
No es fija e inamovible, porque el léxico va cambiando al igual que
las normas pero sí es estable porque su evolución es lenta, se va adaptando
poco a poco. Está sujeta a cambios al igual que las variedades.
3.
Formación
de la variedad estándar.
La variedad
estándar ha sido sometida a un proceso de estandarización,
es un proceso de elaboración extensiva e
intensiva, donde se ha pasado de la inmediatez a la distancia comunicativa.
Debido a la similitud entre la distancia comunicativa y la escritura, este
proceso se denomina escrituralización
de una variedad oral.
La elaboración es la apropiación del
ámbito de la distancia por parte de un idioma aún no escrituralizado. Hay dos
tipos de elaboración:
·
Extensiva:
Empleo paulatino de una determinada variedad en todos los ámbitos discursivos (periódicos,
televisión…) como son los textos o situaciones de comunicación. Se expande a
más hablantes.
·
Intensiva:
Desarrollo de estructuras lingüísticas para la distancia comunicativa como
es el usted.
Algunos
recursos lingüísticos para que se propicie la distancia comunicativa son:
-
Coherencia textual intrínsecamente lingüística
que haga que no sea necesario acudir al contexto en busca de completud
semántica.
-
Fuerte integración sintáctica.
-
Intensificación de la hipotaxis o subordinación.
-
Variación y precisión léxicas.
-
Potenciación del campo simbólico en detrimento
del campo deíctico.
La estandarización consiste en su
normalización prescriptiva, en la institucionalización de un estándar, creada
consciente y deliberadamente por una autoridad. Se divide en:
Ø
Estandarización
externa: consiste en la selección de una determinada variedad como variedad
diatópicamente netral, y distrática y diafásicamente elevada, de manera que se
imponga, por encima de las variedades diatópicamente marcadas y diafásicamente
bajas, como modelo supra-regional común
para la distancia comunicativa.
Ø
Estandarización
interna: Se lleva a cabo mediante la codificación de los mecanismos
lingüísticos propios de la variedad estandarizada, en todos sus niveles:
fónico, morfosintáctico y léxico.
Las lenguas
estándar surgieron en un clima de intenso nacionalismo político y fueron fruto
de la necesidad de
crear símbolos ideológicos comunes e ideales de patria
compartidos. Los modelos fueron los que se usaban en las capitales, sobre todo
en las que residía la corte.
El
multilingüismo se concebía como una amenaza para el estado y la lengua común
como una herramienta fundamental de unificación.
4.
Elaboración
y estandarización del castellano.
Elaboración:
-La elaboración extensiva se da en el
siglo XIII, con la aparición de los cantares de gesta, la poesía trovadoresca o
el mester de clerecía, que llevaron al uso del castellano a tradiciones
discursivas literarias que antes habían sido competencia exclusiva del latín.
-La elaboración intensiva tiene lugar
por el auge de la prosa jurídica auspiciada por
Alfonso X El Sabio.
Estandarización:
-La estandarización externa se produjo
en un primer momento por la norma de Toledo.
-La estandarización interna se produjo
con la Gramática de Nebrija en 1492 y con la redacción de los primeros
vocabularios latino-españole, como el de Cobarrubias.
La mayor
empresa de difusión geográfica del
castellano estuvo encarnada por la Reconquista y la conquista de América. Esto,
hizo inevitable el surgimiento de
dialectos secundarios, como el extremeño o el andaluz. La mayor nivelación del español tuvo lugar
durante los Siglos de Oro y la etapa de
fijación prescriptiva, se inauguró con la fundación de la RAE en 1713.
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